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sábado, 7 de febrero de 2015

Book Tag de Harry Potter.

Hoy os traigo un Book Tag relacionado con Harry Potter. Lo vi hace algo más de una semana en el blog La luna en vela y me gustó bastante, así que aquí está. Además, he de decir que este es un blog precioso que me tiene enamorada, así que os recomiendo que os paséis a visitarlo.
No es un Book Tag al uso, en el que tienes que elegir libros para cada cuestión, sino que se trata de responder a una serie de preguntas relacionadas con la serie.
He de avisar que a partir de ahora, en las respuestas, ES POSIBLE QUE SE CUELEN SPOILERS DE LA SAGA, así que abstenerse quienes no se hayan visto al menos las películas.

1.       ¿Cuál es tu libro favorito?
La verdad es que me gustan todos, así que no sabría cuál escoger... Diré que el sexto, Harry Potter y el Misterio del Príncipe, porque tiene un montón de momentos que me encantan.
2.       ¿Cuál es tu película favorita?
Las dos últimas, seguramente. Pero Harry Potter y el Cáliz de Fuego también me gusta mucho. Puede que Cedric Diggory tenga un poquiiiiito que ver en ello.

Es tan mono... y de mi casa, los de Hufflepuff somos muy leales.

3.       Libro que menos te gusta.
Del quinto, Harry Potter y la Orden del Fénix es del que menos me acuerdo, así que diré que ese.
4.       Película que menos te gusta.
La verdad es que la tercera, Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, me aburre un poco. Diré que esa.
5.       ¿Qué partes te hicieron llorar?
Muchísimas, ¿qué tipo de pregunta es esta?  La verdad es que no sabría decirlas todas, pero recuerdo perfectamente que con la muerte de Fred lloré un montón; fue un “no puede haber pasado algo así, tengo que haber leído mal, por favor”.
6.       ¿Crepúsculo o Harry Potter?
Harry Potter, por supuesto. Crepúsculo me volvió loca en su tiempo, pero Harry Potter es mucho mejor.
7.       ¿A qué personaje intentarías conquistar?
A mi RoRo (vale, ya me voy). Lo siento, intentaría conquistar a Ron, es uno de mis novios literarios favoritos, por muy borde que pueda llegar a ser me encanta. Aprovecho para decir que no me gusta nada todo lo que ha confesado últimamente Rowling en relación con él... pobrecito mío.

Así me sentiría yo si supiera que mi creadora pensó en matarme. Pobre Ron, nadie le entiende...

Miradle, es que es tan YO...

8.       ¿Cuál es tu personaje favorito?
Severus Snape. Al principio le odiaba, pero cuando leí la famosa escena de sus recuerdos le cogí tanto cariño que superó en diez minutos a personajes que había adorado durante toda la saga.
9.       ¿Cuál sería tu patronus?
Un test de Facebook me dijo que un fénix... no sé si fiarme. La verdad es que nunca lo he pensado, porque siempre que lo imagino hay otro animal que podría gustarme más... Hoy por hoy, diré que un lobo.
10.   Si pudieses escoger... ¿varita, piedra de la resurrección o capa de invisibilidad?
Capa de invisibilidad.
11.   ¿Te molestó alguna de las películas?
En realidad no, no hay ninguna que me parezca tan mala adaptación como para que me molestara especialmente. Lo que sí me molestó muchísimo fue que a Lily le pusieran los ojos marrones en la octava película, eso sí que fue un error imperdonable.

Por si no se lee bien: "Recuerdo que David Heyman me llamó y dijo: tratamos con los lentes de contacto verdes, podemos modificar digitalmente el color de sus ojos en post producción, ¿qué tan importante es que los ojos sean verdes? Le dije: lo único importante es que los ojos se vean como los de su madre, entonces cuando busquen a Lily, tienen que ser parecidos".
En fin, a la vista los resultados...

12.   ¿En qué casa estarías?
Hufflepuff, por supuesto, y bien orgullosa. Me lo dijo Pottermore.
13.   ¿Cuál es tu asignatura favorita?
Creo que Encantamientos. En los libros se lo pasan genial y, además, parece que ahí se enseñan la mayor cantidad de hechizos.
14.   ¿Cuál es tu profesor favorito?
Remus Lupin. Vale que Severus me encante, pero eso no quiere decir que me gusten sus criterios de enseñanza.

¡GOLPE DE REMO!

15.   ¿A qué actores te gustaría conocer?
Pues principalmente al trío de oro: Rupert, Emma y Daniel.
16.   ¿Qué hechizos te gustaría conocer?
Pues... todos, para empaparme de magia y saber qué hacer en todo momento.
17.   ¿Qué juegos tienes?
Nunca me ha ido mucho esto de los videojuegos. Juraría que tenía el de Harry Potter y el Cáliz de Fuego, pero ni siquiera recuerdo si era para DS o Play Station.
18.   ¿Cuál sería tu posición en el Quidditch?
Cazadora. Buscadora también tiene glamour, pero mis reflejos son espantosos.
19.   ¿Quedaste satisfecho con el final de la saga?
En realidad sí, bastante, no recuerdo nada que me disgustara especialmente. Snape será feliz ahí arriba con Lily, aunque sea como amigos, y lo de Albus Severus fue la guinda del pastel.


Bueno pues... hasta aquí. Espero que os haya gustado, mis niños, hasta otra.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Mi otro yo.

Como en todo los fan-fiction, he de decir que ninguno de los personajes y escenarios mencionados en la siguiente entrada me pertenecen, siendo todos ellos propiedad de J. K. Rowling por su obra Harry Potter.
También me siento obligada a mencionar que TODO este escrito se sustenta en un SPOILER y que lo sufrirán todos aquellos que no hayan leído los siete libros o visto las ocho películas. Pido mis más sinceras disculpas si alguien ha caído en él antes de la escritura de estas palabras.

Hola, Fred.
No sé qué estoy haciendo, me siento idiota escribiendo esto, menuda estupidez... Hermione ha dicho que puede ayudarme, ojalá sea verdad.
Te echo de menos, te echo muchísimo de menos. Jamás me he sentido tan solo, tan triste. No me apetece hacer nada; todo lo que hago, aunque sea levantarme a cenar, me supone un gran esfuerzo porque tú no estás aquí. Estoy seguro de que no me sentiría así si esto fuera temporal, si supiera que vas a regresar.
Pero es que no vas a volver.
Me cuesta hacerme a la idea, aún no consigo asimilarlo. Cuando estoy desprevenido, cuando bajan mis defensas, pienso que aún estás aquí, que en seguida aparecerás tras cualquier esquina, pero entonces me doy cuenta de la realidad. Es horrible, odio esto, ¿por qué ha tenido que ocurrir?, ¿qué hemos hecho para merecerlo? Todo esto es demasiado duro, no puedo soportarlo.
Me siento vacío sin ti, hermanito, siento que me han robado una parte de mí, y no entiendo nada. No entiendo este dolor que llevo dentro; esta angustia; esta sensación de que ya no soy yo, porque mi “yo” éramos nosotros, y tú ya no estás.
Ahora mismo vivo en la Madriguera, no me quiero ir para no dejar sola a nuestra familia, todos están aquí. Mamá es la que peor lo está pasando, llora mucho, pero intenta que no la veamos; el resto tampoco estamos bien, pero intentamos mantener la compostura por ella; yo no lloro, la gente dice que ni siquiera parezco vivo, pero llorar no lloro.
Harry y Hermione también están aquí, no se han marchado a pesar de que ya han pasado un par de días desde tu entierro. Harry apenas habla y come menos, creo que se siente culpable pero, como con todo, no me he sentido con fuerzas para preguntarle; Hermione intenta levantarnos a todos ella sola, de hecho, justo ahora me está observando desde la cocina, para comprobar que de verdad sigo su consejo. ¿Crees que luego leerá esto?, seguramente sí.
Menudo panorama, qué desastre, si lo sé no digo nada... pero, ¿qué esperabas? Has dejado un hueco demasiado grande. Esta casa, “Sortilegios Weasley”, nuestra familia, la vida misma nunca será lo mismo sin ti; le falta color, le falta alegría, le falta una esencia tan importante y fundamental que ni siquiera sé cómo definirla. Te echamos de menos, Fred, demasiado, desearía que todo esto no fuera más que una pesadilla, odio la guerra.
Pero no te preocupes, hermanito, nuestra familia es fuerte, saldremos adelante. Avanzaremos, nos levantaremos, y llegará el día en que dejaremos de recordarte con lágrimas, para hacerlo con una sonrisa.
En cuanto a mí, lograré sobrevivir: aprenderé a vivir como sólo una persona, en vez de dos; asumiré que estoy incompleto, y funcionaré con la mitad que me queda; haré lo que esté en mi mano para continuar tu legado, para recordar al mundo que exististe, para mostrar que, en algún lugar, se encuentra mi otro yo. Prometo que nunca te olvidaré, que nunca te olvidaremos.
Te quiero, Fred. Siempre juntos.

George.


viernes, 11 de julio de 2014

Bienvenidos a Hogwarts.

Antes de que leas esto quiero hacer constar que, salvo Thomas, Kate, el chico de Slytherin y el profesor Kennion, ninguno de los personajes que aparecen en este texto me pertenecen. Ellos son propiedad e invención de J.K. Rowling y se encuentran en su serie de novelas Harry Potter. También el escenario en el que se desarrolla la acción y algunas acciones que se producen son suyas, en mi intento por permanecer lo más fiel posible a la serie.
En este escrito quiero relatar el viaje de Albus Potter desde el andén 9 y 3/4 hasta Hogwarts y su posterior selección, que tienen lugar tras el epílogo en el séptimo libro de la saga.

El tren giró en la primera curva y salió de la estación, las casas sustituyeron a las columnas y la plataforma del andén. Cuando apartó la mirada de la ventana, leyó en el rostro de Rose que no cabía en sí de la emoción.
-          No me lo creo… ¡por fin nos vamos, Al!
Sonrió sin darse cuenta, él también estaba muy ilusionado. Llevaba semanas soñando con Hogwarts; con cómo sería vivir en él; con las clases; no podía esperar a llegar al castillo. Sin embargo, el temor a ser un Slytherin era demasiado fuerte aunque, ahora que sabía que podía elegir, se sentía bastante mejor.
-          Sí, por fin.
La puerta del compartimento se abrió de repente, sobresaltándolos. Tras ella apareció una niña, seguida de cerca por otro chico.
-          Disculpad, ¿podemos sentarnos con vosotros?
Ante su afirmativa, se sentaron junto a ellos. Ella, de cabello profundamente negro y ojos ambarinos, tomó asiento junto a Rose dejando que el niño se sentara a su lado.
-          Yo soy Thomas Aldrich – los rizos castaños casi le llegaban a los ojos – y ella, Kate Gordon.
-          Encantada, yo soy Rose Weasley. Él es Albus Potter.
-          ¿Albus Potter? ¿De Harry Potter? – los ojos oscuros de Thomas se habían vuelto de pronto más grandes.
-          Sí.
-          Vaya… es genial.
-          Supongo, sí – empezó a sentirse un poco incómodo y probó a redirigir el tema - ¿y vuestros padres?, ¿también son magos?
-          Los míos sí, los de Kate… no sé.
-          Mi padre es muggle y mi madre bruja, cuando yo nací él ya lo sabía. Le encanta todo lo relacionado con la magia, de hecho, se alegró casi más que mi madre cuando recibí la carta – se giró hacia Rose con una repentina expresión de culpabilidad - ¡lo siento! No te hemos preguntado, ¿y los tuyos?
Ante sus caras de asombro, Kate no pudo evitar echarse ligeramente atrás en su asiento.
-          ¿Qué ocurre?
-          ¿No lo sabes? ¡Los Weasley son unas de las familias de magos más famosas!
-          ¿En serio?, no tenía ni idea.
Su prima rio, quitándole importancia, y contagió su humor a todos los demás. Para cuando la señora del carrito llegó a su compartimento, los cuatro habían cogido confianza y charlaban animadamente.
Contemplando las montañas y el campo, cuyo verde se iba oscureciendo a medida que pasaba el tiempo, surgió el tema de las casas. En pocos minutos quedó claro que, en general, Slytherin no era una opción: lo que Rose y Thomas sentían hacia esa posibilidad sobrepasaba el descontento para rallar en un temor cercano al que él mismo había sentido justo antes de subir al tren. Kate, sin embargo, tenía sus propias ideas.
-          Mi madre siempre ha dicho que la Casa en la que nos toca no nos define tanto como mucha gente piensa, dice que las personas tenemos un montón de cualidades. Las que más destacan en nosotros son las que nos mandan a una Casa u otra, pero después hay muchas más. Yo también lo creo, por eso, en el fondo, no me preocupa dónde me puedan poner.
-          Entonces… ¿piensas que un Slytherin puede ser valiente, por ejemplo? – las confesiones de último minuto de su padre se habían grabadas en su mente y, durante el viaje, habían vuelto a ocupar sus pensamientos varias veces.
-          ¡Sí, por supuesto! ¿por qué no?
-          De todos modos, sigo sin querer que me pongan allí – las ideas de la niña, al parecer, no habían convencido a Thomas.
Kate no dijo nada, sólo sonrió y se concentró en abrir una de sus ranas de chocolate. Entendió en seguida que, aunque ella estaba libre de prejuicios, sabía y comprendía que los demás no y seguramente no le apetecía hacerle cambiar de opinión en ese momento.
Al poco tiempo, un muchacho pasó por su compartimento y les advirtió de que en pocos minutos llegarían a Hogsmeade. Era moreno y claramente mayor que ellos; antes de que se marchara, todos pudieron ver el escudo de Slytherin cosido en su túnica. Las chicas se fueron para poder cambiarse, pero volvieron apresuradas apenas pasados cinco minutos.
-          Todos están muy alterados, ese chico llevaba razón – a Rose, sofocada por la carrera a través del tren, no le había dado tiempo a arreglarse el pelo que, alborotado como estaba, le daba un cierto aspecto salvaje.
En seguida, el tren se paró y todos los alumnos se apretujaron en el pasillo para poder salir. A estas alturas, los nervios y el creciente miedo a la ceremonia de selección se habían unido y habían conseguido que se le cerrara el estómago y le temblaran las piernas, lo único que conseguía que avanzara eran los empujones de los chicos de detrás. Al bajar, el viento helado le calmó un poco.
-          ¡Los de primer año conmigo! ¡Todos los de primero, seguidme! – la voz y la figura de Hagrid destacaba sobre las de los alumnos repartidos por el oscuro andén. Contento de verle, se abrió camino con sus amigos hasta donde estaba él.
-          Albus, Rose, es un placer conoceros por fin.
-          Igualmente.
Sonriendo, el semigigante los guio por un sendero hasta el borde del lago del colegio, donde descansaban las barcas de las que su familia le había hablado. Obedeciendo siempre las órdenes de Hagrid, los cuatros chicos se montaron en una de ellas y dejaron que les llevara. Durante el viaje, pudo contemplar el castillo que se alzaba sobre él: era impresionante, en su silueta oscura aparecían cientos de luces procedentes de las ventanas y sus numerosas torres se alzaban hacia cielo; la ilusión, los nervios y el anhelo se juntaron en su pecho, jamás se imaginó que un lugar pudiera estar tan lleno de magia y promesas.
Cuando las barcas frenaron, aún tuvieron que caminar unos minutos antes de llegar a la enorme puerta del castillo. Una vez allí, un mago alto de mirada firme pero amable les abrió la puerta, cuando Hagrid le presentó como el profesor Kennion le dio las gracias y les dirigió a una pequeña sala atravesando el enorme vestíbulo.
-          Antes de nada, bienvenidos a Hogwarts. En el Gran Comedor daremos dentro de unos minutos el banquete de comienzo de año pero, antes de disfrutarlo, tendréis que pasar por la Ceremonia de Selección donde se os agrupará en una de las cuatro casas de Hogwarts: Gryffindor, Ravenclaw, Slytherin y Hufflepuff. Desde el momento en el que se os seleccione para una casa, esta será muy importante para vosotros: dormiréis en sus dormitorios, daréis clase con vuestros compañeros de casa y vuestras acciones aumentarán o disminuirán los puntos de vuestra casa. – Kennion hizo una pausa antes de continuar – Ahora me voy a marchar para terminar de prepararlo todo y, cuando vuelva, os dirigiré al Gran Comedor para dar comienzo a la ceremonia.
El profesor se marchó y los nervios volvieron a atacar su estómago, creyó que no podría hacerlo, aunque sabía que lo único que tenía que hacer era probarse el Sombrero Seleccionador. Slytherin resonaba en su mente como si las palabras de su padre nunca hubieran tenido lugar.
-          ¿En qué casa estuvo tu madre, Kate? – era evidente que su prima intentaba relajarse, mientras se colocaba el desordenado cabello en una coleta.
-          Mi madre fue a Ravenclaw – la niña era la única de toda la sala que estaba tranquila, o al menos así lo parecía - ¿y los vuestros?
-          Nuestros padres fueron a Gryffindor.
-          Mi padre también es Gryffindor y mi madre estuvo en Ravenclaw… - Thomas estaba muy ocupado aplastándose los rizos y mirando al infinito como para participar más en la conversación.
Kennion volvió a los pocos minutos y les condujo al Gran Comedor, cuando entró no podía creer lo que estaba viendo: cuatro mesas largas se extendían a lo largo de la enorme sala, con cientos de alumnos vueltos hacia ellos y frente a ellas, la mesa de los profesores gobernaba la reunión; al mirar hacia arriba no vio piedra, sino un cielo oscuro plagado de estrellas, como el del exterior.
Los chicos se agruparon frente a un taburete que el profesor había colocado al final del salón, sobre él se encontraba el Sombrero Seleccionador que, en cuanto el silencio se hubo restablecido, comenzó a cantar. Cuando terminó la canción, Kennion cogió una lista y empezó a nombrarles para que se probaran el sombrero.
-          ¡Aldrich, Thomas!
-          ¡Gryffindor!
Jamás en el viaje le había visto tan emocionado como en ese momento, el niño dejó el Sombrero y fue volando hacia su mesa.
Al rato, le llegó el turno a Kate.
-          ¡Gordon, Catherine!
Ella subió las escaleras y se sentó en el taburete, sus ojos brillaban de ilusión.
-          ¡Hufflepuff!
Corriendo, se dirigió hacia la mesa de Hufflepuff, que la aplaudía efusivamente. Antes de sentarse, le guiñó un ojo intentando darle confianza.
Poco a poco, el grupo iba disminuyendo. Tenía una sensación muy extraña: por un lado, estaba deseando que el profesor le llamase y así quitarse ese peso de encima pero, por otro, lo habría dado todo para no tener que sentarse en ese taburete jamás.
-          ¡Potter, Albus!
Tardó un poco en reaccionar, nervioso como estaba, pero al fin se movió siendo consciente del temblor de sus piernas y los desbocados latidos de su corazón. Cuando el Sombrero le cubrió los ojos, sólo pudo pensar en los colores de Gryffindor, en el león dorado, en los estandartes y la bufanda de su hermano…
-          ¡Gryffindor!
¿Había oído bien?, ¿de verdad estaba en Gryffindor?, quizá se lo había imaginado… Sólo cuando pudo volver a ver, supo que todo había pasado, que su deseo se había cumplido. Rebosante de alegría, fue volando a sentarse junto a Thomas.
-          Felicidades, Al – James, sentado frente a él, aún aplaudía con una radiante sonrisa en la cara.
-          Gracias.
Todo el peso en el estómago, todos sus nervios, todo el miedo habían desaparecido, se sintió completamente relajado, libre y seguro, como no lo estaba desde hacía un par de días. Sin embargo, Rose no parecía sentirse así: su palidez iba en aumento conforme el grupo se hacía más pequeño. Finalmente, cuando ya sólo quedaba ella, el profesor la llamó.
-          ¡Weasley, Rose!
Esta vez, el Sombrero estuvo bastante tiempo en silencio. A los dos minutos de espera, la loca idea de que se hubiera estropeado empezó a vagar por su mente, pero eso era imposible, ¿no?
-          ¡Gryffindor!
Rose se sentó junto a James, que la abrazó con fuerza y sonrió a los dos chicos. Los tres se volvieron hacia la mesa de Hufflepuff, donde Kate dejó su conversación durante un segundo y les saludó con la mano.
En ese momento sintió que todo encajaba. Sus amigos estaban contentos, todo había ido bien y, sin ninguna duda, supo que le esperaba un gran camino en el colegio, que sería feliz allí, el futuro comenzaba.
Cuando el ruido disminuyó, el director se puso en pie y comenzó a hablar.

-          ¡Bienvenidos a Hogwarts!... 

miércoles, 2 de abril de 2014

Tras la muerte, felicidad.

Antes de que leas esto, quiero hacer constar que ninguno de los personajes que aparecen en este texto me pertenecen. Todos ellos son propiedad e invención de J.K. Rowling y se encuentran en su serie de novelas Harry Potter. También el escenario en el que se desarrolla la acción es suyo, en mi intento por permanecer lo más fiel posible a la serie.
En este escrito he querido plasmar mi particular visión sobre los primeros minutos de Severus Snape tras su muerte, la cual se produce en la séptima entrega de la saga.

En un instante, Potter dirigió sus ojos hacia él. Esos ojos verdes idénticos a los de ella, esos que tanto había querido, que destacaban en su rostro en un intento por disimular el enorme parecido que guardaba con el de su padre, que le hacían sentir que todavía quedaba algo de la mujer que amaba en este mundo.
Los ojos de Lily.
Y después, nada.
Pero seguía pensando, seguía sintiendo. Sin embargo, estaba seguro de haber muerto, de que esa serpiente había acabado con él. ¿La muerte era así?
No abrió los ojos, no quería abrirlos. Con un alma tan dañada como la suya, el lugar donde estaba no podía ser agradable. Notó su desnudez y no quiso encontrarse así, inmediatamente sintió cómo una túnica cubría su cuerpo.
Bueno, al parecer todavía tenía privilegios.
-          Has sido muy valiente, Severus.
Abrió los ojos. Sobre él, la mirada azul de Albus Dumbledore le observaba agradecida y triste. Recordó su último encargo.
-          El chico, Potter. Los recuerdos, le di mis recuerdos…
-          Lo sé, lo sé. Lo has hecho muy bien, Severus. Gracias a ti, Harry sabrá que hacer. Te estoy realmente agradecido, y lo siento mucho, las cosas no deberían haber salido así.
-          Era una posibilidad, debí haber estado más preparado para reaccionar ante ella, pero ahora no importa. Ahora tiene que preocuparnos lo que haga el chico, si todo esto ha sido en vano…
-          No lo será, tranquilo. Harry es inteligente y ha demostrado en varias ocasiones su valor, te aseguro que ninguna muerte y sacrificio habrán sido en vano. Tras esta noche, el mundo mágico podrá vivir en paz.
Vivir en paz… se incorporó y miró a su alrededor, buscando hacerse una idea del lugar en el que estaba: todo lo que le rodeaba era blanco; el suelo, porque sobre algo estaba apoyado, apenas se distinguía de lo que se le antojaban paredes, cubiertas de una especie de neblina.
-          ¿Dónde estamos?
-          Ojalá lo supiera, viejo amigo. Simplemente estamos muertos. Ignoro cómo se llama este lugar, así que podemos nombrarlo como quieras.
-          ¿Estamos solos usted y yo?
-          ¡Oh no, para nada! – su risa no había cambiado ni un ápice – Aquí venimos todos. Todos los que hemos sido abrazados por la muerte, desde la primera criatura que existió, muggles y magos, estamos aquí. No nos vemos todos, claro, pero tampoco nos organizamos en habitaciones, aquí el tiempo y el espacio no existen, mi leal amigo, te acostumbrarás a ello.
Costaba asimilar sus palabras. Significaban que ahora estaba con su familia, con la que nunca había sido feliz; con la gente que había asesinado y visto morir siendo Mortífago; con Pettigrew y Black; con Potter.
Con Lily.
¿Era posible?
-          Lily… Ella… ¿También está aquí?
-          Pues claro que sí, Sev. ¿Cómo no iba a estar?
Su voz sonó en sus oídos como un canto de sirena. Llevaba años sin escucharla, y seguía tan hermosa como siempre la había recordado: dulce y clara.
Se volvió hacia el lugar donde la había escuchado, justo detrás de él. Temblaba, temiendo que su imagen desapareciera en la neblina como una ilusión, que Dumbledore le hubiera mentido, aquello no podía ser real…
Pero allí estaba ella, arrodillada para encontrarse a su altura. Su cabello rojo oscuro caía sobre sus hombros ocultando su pecho; su pálida piel se mezclaba con la túnica impolutamente blanca que vestía; en medio de su rostro lucían sus ojos, verde esmeralda, tan bellos como siempre habían sido, el cariño brillando en ellos. De hecho, toda ella daba la impresión de brillar, como un ente hecho de luz, toda magia y pureza.
-          Gracias, por cuidar de Harry, por todo. Has sido realmente muy valiente.
Sin palabras, la abrazó. Su pelo conservaba su olor, su cuerpo su calor. La tenía en sus brazos, de nuevo, sólo pensaba en ello y a la vez no podía pensar en nada. La estrechó con fuerza, con toda la que fue capaz, ojalá nunca acabara ese momento.
-          Creí que nunca volvería a verte…
-          Lo sé.
-          Lo siento mucho, lo siento tanto… Lo que hice, lo que dije…
-          No te preocupes, de verdad. Todo está olvidado, tienes mi perdón, te lo has ganado con creces.
-          Oh, Lily…
Ella se apartó para mirarle a la cara, su sonrisa era amable y acogedora, y era para él. Hasta que no le secó una lágrima, no supo que había llorado; sólo cuando le apartó un mechón negro de la cara comprobó lo mucho que le estorbaba en su bella visión.
Le besó en la frente, se sintió inmensamente feliz.

-          Bienvenido, Sev.