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sábado, 1 de octubre de 2016

Hasta pronto.

Hola, mis niños. Necesito un tiempo.

Calculando, he descubierto que este blog tiene ya tres años y, a pesar de problemas de constancia, nunca lo he "dejado" del todo, por así decirlo. Pero siento que ya necesito un descanso.
Quizá se deba a la vuelta a la rutina, o puede que el hecho de estar escribiendo mi intento de novela tenga también algo que ver, pero el problema es que ya no me siento tan motivada como antes a la hora de hacer las entradas, me empieza agobiar saber que al Viernes siguiente tengo que tener otra publicación lista para ser colgada.
Creo que unas vacaciones, por muy atrasadas que sean, serán el mejor remedio para solucionar esto, para recargar pilas y volver a vivir Blogger con la misma ilusión de antes.
Como no son unas vacaciones como tal, sino un tiempo de retiro, no sé cuándo volveré a retomar mi actividad, en lo que a publicar entradas se refiere. Tenía pensado aparcarlo por el período de un mes, como en muchos blogs que he visto este verano, pero puede que se alargue algo más, no estoy segura (la Universidad, que su nivel de trabajos y estrés ahora mismo es imprevisible, qué se le va a hacer).
De todos modos, pretendo seguir pasándome por vuestros blogs, así que cualquier día os puede aparecer un comentario mío.
Esto es raro, suena más bien como si estuviera rompiendo una especie de relación, en vez de tomarme un descanso, pero en cierto modo siento como si estuviera cortando mi relación con el blog. No me he separado de él desde que lo creé, no me he separado de vosotros ni de vuestros comentarios, que me hacen muy feliz cada vez que aparecen, este es un momento bastante emocional para mí.
Pero no será para siempre, volveré dentro de poco. Seguramente traiga un montón de textos y de tags que vaya haciendo por el camino en este descanso (ya tengo pensado alguno, pero prefiero dejarlo esperar). No os voy a olvidar.

Y, bueno, yo creo que esto ya es todo lo que tenía que contar. Gracias a todo, por las visitas, por los comentarios y por todo el amor que me dejáis por aquí. Os quiero mucho, de verdad.

Hasta pronto. ¡Sed felices!



viernes, 30 de septiembre de 2016

El papel de tu vida.

¡Hola, mis niños!
Aquí la petarda de Irith delirando de nuevo.

No sé si alguna vez habéis oído hablar de La mujer de negro,si no me equivoco la primera película de Daniel Radcliffe después de Harry Potter. La he visto un par de veces, y a pesar del miedo que me genera no es una película que me disguste, pero hasta que no la vi con mi novio no me fijé en el tema del que vengo a hablaros hoy. Me contó que el chico no le parecía un mal actor pero que, en cuanto le escuchaba hablar, le parecía estar viendo a Harry Potter.
Lo cierto es que a mí no me lo parece, pero me di cuenta de que seguramente no a todo el mundo le pasa lo mismo. Seguramente, la mayoría de la gente que visione la película no verá en ella a Daniel, sino a Harry en una especie de mundo paralelo.

Y no es culpa del actor, que en mi opinión no es malo, sino de un pasado que le precede detrás de la pantalla.

Hay actores que sufren el encasillamiento en un determinado papel, como Ben Stiller, pero a otros les juegan una mala pasada aquellos personajes que han llegado a personificar: Daniel no es el único ligado a un papel.

Siempre me ha llamado la atención el caso de Robert Pattinson. Dentro de lo malo que la gente presupone que es, a mí no me parece que esté tan mal, no me matéis, pero Edward Cullen le ha hecho muchísimo daño, en mi opinión. Ya no es sólo que se le identifique con el personaje, sino que además esta relación es para mal, puesto que no queda mucha gente que aprecie a Cullen y su representación en las películas.
De hecho, a mí me costó que me volviera a gustar después de la saga Crepúsculo, y todavía hoy tengo sentimientos encontrados al verle.

Estos son los casos que más me llaman la atención, pero seguro que hay muchos más. Hay papeles que pueden suponer un antes y un después en tu vida, y desde luego eso no es malo, pero por su puesto ese personaje, si adquiere la fuerza suficiente, puede cambiar la visión que la gente puede tener de ti como interprete.
Por ello creo que es necesario pensar seriamente a la hora de aceptar un determinado papel: puede salirte muy bien, como a Emma Watson; puede pasarte una ligera mala pasada, como a Daniel Radcliffe o... bueno, puedes acabar convertido en el próximo chico brillantina, y esa fama es muy difícil de retirar.

Un beso, mis niños. ¡Sed felices!

viernes, 26 de febrero de 2016

Los de la poca vergüenza: Casados a primera vista.


Yo esta semana no iba a escribir esto. Esta semana tenía planteado escribir una entrada bonita, algo de lo que me hacía ilusión hablar, algo agradable creo.
Pero tendrá que esperar, me siento en la necesidad de dejar en la web mi opinión sobre el capítulo que el programa “Casados a primera vista” emitió el pasado Lunes por la noche.
Aún no me lo creo.
Para quien no lo sepa, Casados a primera vista es un reality que sigue la vida de una serie de parejas que se casan sin ni siquiera haberse visto antes. Durante la temporada, podemos ser testigos de las luchas y aventuras que viven cada una de las parejas en el proceso de convivir y “enamorarse” de un desconocido que ahora es su marido/mujer. Al margen de lo que todos sabemos que un reality es (MOVIDAMOVIDAMOVIDA), hasta el pasado Lunes me entretenía y hasta lo dejaba puesto en la tele, se dejaba ver. Hasta el pasado Lunes.
Voy a contar las escenas que me molestaron en el orden en el que aparecieron. Reconozco que no vi el capítulo entero, tanto sexismo junto pudo conmigo, pero creo que tuve más que suficiente.
Empezamos con el principio, y ya viene el plato fuerte. En una escena nos presentan a todas las parejas reunidas alrededor de una mesa, en una comida de grupo y hablando de sus respectivos matrimonios. Todo normal – cordial dentro del espectáculo esperado – hasta que una de las parejas dicen que aún no han tenido sexo porque ella no quiere.
A partir de entonces somos testigos de un ataque abierto, tenso e indiscriminado contra la mujer. De toda la presión y las reprimendas que sufre podemos sacar una conclusión general: Su deber (recalco “deber”) es acostarse con su marido, aunque ella no quiera, porque para algo es su mujer. ¿Qué no quieres hacerlo?, ¿no te sientes preparada? ¡Me da igual! Tu deber como esposa es acostarte con tu marido por y para su disfrute. Y si no te sientes cómoda con eso no te quejes, no haberte casado.


Hemos vuelto a la época del manual de la buena esposa y yo no me he enterado.
OLE.
Por si esa escenita no me había cabreado bastante, en la publicidad pusieron un anuncio de la empresa de depilación láser “Centros Único” protagonizado por una de las parejas del programa. En ella, la pareja dice cosas como Sí, vale, mi pareja tiene un gran corazón… ¿pero te imaginas que no llega a estar depilada?
Depílate, cerdo/a, o jamás tendrás una pareja que te quiera. ¿A quién le importa tu interior?, si no estás perfectamente depilado no vas conseguir pareja nunca, vas a quedarte sólo viviendo con cinco diez, quince gatos. ¡Ven con nosotros, gracias a nosotros encontrarás el amor!
OLE, OLE Y OLE.
La pena es que después de la escena anterior, el anuncio no parece tan escandaloso.
Terminamos con la última escena que pude tragarme: el día después de la comida, los hombres quedan por un lado y las mujeres quedan por otro. Todo normal.
El problema viene cuando vemos los lugares de la cita: para los hombres, bar de cañas y futbolín; para las mujeres, clase de yoga. Con un par, ¿cuántos tópicos y sexismo les quedarán aún por sacar?
Pero esperad, que esto no es lo mejor: en el programa hay una pareja de chicos gays, adivinad con quienes mandan al novio más amanerado de los dos.
Exacto, con las mujeres. Que yo sepa, un hombre gay sigue siendo un hombre, por mucha pluma que tenga. No sabía que por ser homosexual eras menos hombre, qué cosas.


Quiero dejar claro que yo estas cosas no me las creo. Sé qué es guion, que todo está montado. Pero lo que no me parece normal, es que los guionistas y directores del programa se atrevan siquiera a soltarnos tales desfachateces y se queden tan tranquilos. No me parece normal que la gente no lo vea. No me parece normal que, si buscas en las noticias el episodio del Lunes pasado, nada haga referencia a lo que aquí estoy contando.
Bueno, pues ya estoy yo.
Aún no me lo creo.


martes, 28 de julio de 2015

Que te chupen lo que quieras, menos las ganas de vivir.

En la vida no deberías sentir dolor, no deberías sufrir, no deberías llorar si no es por emoción. Pero no seamos ingenuos, eso es imposible.
Así que, al menos, que no te duelan, que no te hagan sufrir, que no te hagan llorar.
Nadie merece eso,  o al menos la mayoría. Que te ataquen es duro, sobretodo cuando no has hecho nada para ganártelo, y todos sabemos que estas cosas pasan: que la gente es cruel, que el mundo es injusto, que se habla mucho y se pregunta poco, que las palabras duelen más que los golpes (menudo hecho).
Lo mejor que puedes hacer, es tratar de ignorarlo.
Porque la gente se mete, y se va a meter – de hecho, que tire la primera piedra quien no se ha metido alguna vez –  y va a ser así siempre, te guste o no. De modo, que ignóralo, o al menos inténtalo. Sé que es muy fácil hablar así, que cuesta muchísimo, que hasta que yo misma lo logre aún falta bastante, pero qué otra nos queda.
Realmente no hay más solución: porque o sales adelante, o te hundes con tus burlas, y eso no puede ser.
Que te saquen lágrimas, pero de emoción; que no te dejen dormir por la ilusión que llevas dentro; que leer ese comentario no cambie tu expresión; que cualquier contacto se pueda bloquear; que las muecas se difuminen; que no siempre hay que perdonar; que los “no” también existen; que te chupen lo que quieras, pero nunca la alegría, el color ni la energía de vivir.
Y con toda la modestia que tengo, coge este pensamiento y llévalo a tu mente. Prometo que yo también lo haré, que lucharé para hacer de lo imposible una realidad; lo difícil fácil; la frase casi sin sentido en una gran ventaja.

Si sufres, que al menos no sea por alguien.

viernes, 17 de julio de 2015

Mi cita preferida: Asúmelo.

“Siempre he creído que el arrepentimiento es el analgésico de los moralistas y el anestésico de los cobardes”
Risto Mejide. El pensamiento negativo.


Hoy vengo hablaros de mi cita. Esa frase que te hace pensar, reflexionar, y que seguramente se quedará grabada en tu mente para siempre. Para algunos quizá sean frases positivas, claramente alentadoras, o eso es lo que pienso en mi segura ignorancia.
En fin, esta es la mía.
Claramente, hay más. Yo también adoro las frases románticas y aprecio en mucho cualquier tipo de consejo y de reflexión, no os vayáis a pensar que menosprecio a las demás comparadas con esta. Miles de frases me han hecho pensar y me han ayudado en los malos momentos: frases quizá tontas, frases que para otros pasan totalmente desapercibidas, de echo una está sacada de Lovely Complex, pero está es especial. Quizá es que es la primera, quizá me marcó más, pero de ella saco una gran lección, en mi opinión, y hoy quiero contárosla.
Obviamente es MI lección. Seguramente Risto Mejide no lo vea así, seguramente no lo escribió para que yo sacara conclusiones, seguramente lo que he aprendido de ella no es lo que él quería enseñar, si es que quería hacerlo. Sin embargo, alguna vez he oído eso de que cada uno interpreta un escrito como quiere aunque no sea su significado original, y me voy a aplicar el cuento.
Afronta las consecuencias: eso es, en gran medida, lo que yo saco de aquí. Todos hemos pasado momentos en la vida en los que nos hemos equivocado, o creemos haberlo hecho; el “y si...” ha rondado miles de veces por nuestras cabezas y, seguramente, nos hayamos arrepentido de una acción cometida.
Pero el arrepentimiento no sirve para nada, sólo es un sentimiento que nos reconcome por dentro y no nos ayuda en absoluto. Te hace sentirte mal, te duele y no va a cambiar, en absoluto, tu situación. Entonces, ¿para qué conservarlo cerca?
No te limites a arrepentirte, no germines ese sentimiento en tu interior hasta que crezca y te ahogue. Si puedes cambiar lo que has hecho, si puedes hacer algo para mejorar lo que has roto entonces hazlo, si de verdad quieres, y cambia el rumbo que has generado, no hay problema si todos los implicados en la situación aceptan modificar ese futuro, mejor para todos pues, ¿no?
Pero si no puedes, no vivas con ese mal.
Si es que has hecho malo y lo sientes, sabes que te has equivocado, perfecto. Eso significa que tienes moral, empatía, como tú lo llames, y que has aprendido de tus errores, pero no tiene sentido que pases toda tu vida dándole vueltas hasta que no puedas sonreír.
Y si no ha sido malo como tal, pues mejor me lo pones. Entonces tiene incluso menos sentido que te arrepientas, no es bueno pasar tu vida pensando: “no debí haberlo hecho, ahora esto sería diferente si no hubiera tomado esta decisión...”.
Simplemente, levanta la cabeza y asume las consecuencias que vengan, con valor y dos cojones, si me permitís la expresión. Total, no puedes cambiarlo, ¿qué otra te queda? Seas quien seas, serás lo bastante fuerte como para levantarte, así que asume las consecuencias de tus actos, porque de todos modos tampoco te queda otra, así que mejor que lo encares como merece.
Y ahora, antes de terminar, quiero resaltar algunas excepciones y lagunas legales, que con esas mal vamos y quiero evitar las que se me ocurren ahora, por si acaso.
Punto uno: Vamos a ver, por ejemplo, matar a alguien no es algo que te quites de la cabeza fácilmente, e incluso para muchas personas, incluida yo, es una falta de respeto que trates de pasarlo por encima como si nada, con asesinos sobre todo, sobre eso tengo mucho que decir y nada bueno. No soy una persona insensible, absolutamente para nada, y sé que hay casos en los que esta lección mía no tiene sentido alguno e incluso puede ser reprochable.
Punto dos: Que tengas que afrontar las consecuencias no significa que no puedas quejarte. Todos tenemos el derecho a desahogarnos, y decir que algo nos molesta, en mi opinión, no es incompatible con afrontar esa molestia y seguir adelante.
Hasta aquí las lagunas que se me ocurren, y seguro que hay más que aclarar, no estoy del todo segura de haberme expresado como quería. De todos modos, cualquier polémica que pueda surgir en los comentarios la discutiré y trataré de resolverla, ya que a eso me arriesgo. Cumpliendo mi propio consejo, asumiré las consecuencias de la publicación de esta entrada.
Hasta aquí por hoy, mis niños, espero haberme expresado bien hablando de lo que significa esta cita para mí.

Un beso.

martes, 19 de mayo de 2015

El día en que te pierda.

Sé que algún te perderé.
Sé que algún día te irás lejos, y volarás alto. Y sé que, en tu camino a las estrellas, olvidarás todo lo que te retiene aquí. No te lo reprocho, te lo mereces.
Pero antes de que te marches, tengo que decirte algo.
Quiero que seas fuerte, pequeña, más fuerte de lo que eres ahora, más fuerte de lo que yo seré jamás. No quiero que sufras, no quiero que tengas miedo, y quiero que sepas mirar hacia delante con la fuerza y la determinación de quien sabe que nada puede vencerle. Sé que lo lograrás, sé que serás así, porque todo lo que te ha intentado derrumbar no ha hecho más que convertirte en una persona más valiente, más grande. Tú eres como las rocas del acantilado, siempre firmes aunque el oleaje ataque con la fuerza de un titán, impasible ante el temporal, fuerte a pesar de todo... no sabes lo orgulloso que estoy de ti.
Creo que nunca te lo he dicho, quizá debí haberlo hecho antes. Cada día que te veo el orgullo me invade el pecho: eres lo mejor que he hecho en toda mi vida, el ser más bello que he hecho jamás. Cada vez que te veo, cada segundo en que mi vista abarca tu imagen, puedo ver tu inteligencia y tu humor, tu mirada observadora y tu amplia sonrisa. Eres idéntica a tu madre, y en tu rostro puede verse un pedacito de mí, creo que tu vida es lo mejor que me ha pasado, gracias por existir.
Quiero que sepas que te quiero, que te quiero mucho, que te quiero de verdad. Eres mi niña, y por eso siempre te voy a amar; me da igual dónde estés, o dónde esté yo. Nada podrá cambiar que eres parte de mí, sangre de mi sangre, ni la distancia más larga podrá cambiar que eres mi hija, lo que más quiero en este mundo.
Por eso sé que algún día te perderé, porque sé que querrás libre.
Por eso sé que te irás. Para volar libre, para ser tú.
Pero no siento pena. No estoy triste, no tengo miedo. Porque siempre te querré, siempre te llevaré conmigo aunque nos separen millones de kilómetros, siempre estarás en mi corazón al igual que yo espero estar contigo, el día en que te pierda.
El día en que te vayas lejos, el día en que vueles alto.

Sé feliz.

jueves, 1 de enero de 2015

365 brindis.

Hola a todos, primera entrada del año, últimamente llevo una racha importante de entradas... como se nota que hacía tiempo que no me pasaba por aquí.
Ayer fue Nochevieja y, en consecuencia, Internet se llenó de recopilatorios, entradas especiales, recuerdos, y un largo etcétera. Yo no pensaba hacer nada especial, pero entonces descubrí esto de los 365 brindis y me gustó la idea, así que aquí está. Ya sé que no son 365, son 100, como los de mi madrina, pero ya me ha costado lo mío poner estos así que imaginad 365.
Espero que os guste mi lista, aunque ya sé que la mitad de las cosas os van a dar lo mismo, pero es que me hacía mucha ilusión hacerla.
1.       Por mi novio, que lleva algo más de un año experimentando lo que es estar con un espécimen como yo. Y sigue siempre ahí.
2.       Por mi familia, que también me tiene que aguantar, aunque están más acostumbrados.
3.       Por Isabel y mi tributo, mis mejores amigas.
4.       Por los amigos y colegas de la universidad, que siguen sorprendiéndose ante mis sonrisas al entrar en clases.
5.       Por todos los demás, que llevan alegría a mi vida también.
6.       Por Shiinna, que me introdujo en el mundo de los grupos de bloggers.
7.       Por mis Dreamers.
8.       Y por mis Hey Soul Bloggers.
9.       Por Gin, que aunque tiene la peor ahijada de la historia, la quiere mucho. Y es lo que cuenta.
10.   Por José, mi comentarista estrella, que deja sus palabras incluso en las entradas en las que no comenta nadie.
11.   Por Valquiria y sus comentarios amorosos.
12.   Por todos los que alguna vez me habéis comentado.
13.   Por todos los que me seguís.
14.   Por estas 90 entradas que he escrito.
15.   Por todas las risas.
16.   Por todos los momentos complicados en los que nunca he estado sola.
17.   Por todas las conversaciones profundas.
18.   Y por las no tan profundas.
19.   Por todos los momentos románticos, y los que quedan.
20.   Por todos los abrazos.
21.   Por todos los besos.
22.   Por todos los saludos.
23.   Por todas las despedidas.
24.   Por todas las sonrisas.
25.   Por todas las lágrimas de felicidad.
26.   Y por las que no.
27.   Por todo el amor.
28.   Por todas las veces en las que me he sentido libre.
29.   Por todas en las que he mostrado que estoy como una cabra.
30.   Por aquellas en las que me he sentido guapa.
31.   O inteligente.
32.   O divertida.
33.   O querida.
34.   O cualquier cosa buena.
35.   Por todos esos momentos que me obligaban a hacer un descanso en el estudio, gracias.
36.   Por todos los momentos merecedores de un huequito en mi calendario.
37.   Por los cuatro calendarios que van ya.
38.   Por todas las primeras veces.
39.   Por esos momentos en los que me he demostrado que podía hacer las cosas por mí misma.
40.   Por todas las buenas historias.
41.   Por todas las buenas canciones.
42.   Por los desahogos.
43.   Por todas las peleas por novios literarios que jamás podremos tener.
44.   Por todas las citas a partir de las ocho de la tarde.
45.   Por absolutamente todas las demás.
46.   Por todos los logros.
47.   Por todos los aprobados.
48.   Por ese suspenso falso que me tuvo con insomnio dos días.
49.   Por todas las historias para recordar.
50.   Y por todos los momentos en que hemos recordado esas historias.
51.   Por las sesiones de cine de los Miércoles.
52.   Por esos maravillosos horarios de tres horas de clase diarias.
53.   Porque esos horarios vuelvan.
54.   Por esas felicitaciones de cumpleaños que no me esperaba.
55.   Por todo lo que me ha hecho soñar.
56.   Por todas esas personas que en algún momento me han hecho feliz.
57.   O que por lo menos me han hecho sonreír.
58.   O que me han hecho aprender algo.
59.   Por los planes de futuro.
60.   Por los “chan chan”.
61.   Por los “ya lo he leído”.
62.   Por los “qué bien escribes”.
63.   Por los “kitty”.
64.   Por los “tribute”.
65.   Por los “cielo”.
66.   Por los “cariño”.
67.   Y por todos los demás apodos.
68.   Por todas las veces que la cafetería me ha atraído como un imán.
69.   Por las veces en las que ha quedado demostrado que no todas las grandes historias ocurren después de las dos de la mañana.

70.   Por los buenos días.
71.   Por las buenas noches.
72.   Por el soft-combat, que siempre es como la primera vez.
73.   Por la foto que me hice con un famoso, David Lozano.
74.   Por los favoritos en twitter de David Lozano, lo prometo.
75.   Por todas esas cosas que nunca pensé que ocurrirían.
76.   Por los nuevos amigos.
77.   Por los viejos.
78.   Por los reencuentros.
79.   Por los planes improvisados.
80.   Por todas las caras de asombro al saber que estudio Criminología.
81.   Por los principios.
82.   Por el recuerdo.
83.   Por todo lo que le quiero.
84.   Porque nunca acabe.
85.   Por los paseos por el parque.
86.   O por el centro.
87.   O por donde sea.
88.   Por el chocolate, o por cualquier cosa dulce.
89.   Por los intentos por controlar mis ganas de comerlo.
90.   Porque este año por fin lo consiga.
91.   Por Sándalo.
92.   Por los test del Facebook.
93.   Por la felicidad.
94.   Por la libertad.
95.   Por los sueños.
96.   Por las fotos.
97.   Por los vídeos.
98.   Por los relatos.
99.   Por el escribir.
100.                       Por todas esas cosas que ahora mismo no recuerdo, pero que también se merecen un brindis.

Feliz 2015, mis niños.

lunes, 11 de agosto de 2014

Begin again.

Ayer fui a ver Begin Again, la nueva película de John Carney, y tenía que hablaros de ella. Sin embargo, esto no es una reseña: no voy a hablar de los actores, ni del guion, ni de todas esas cosas de las que no entiendo en absoluto (salvo cuando son muy malas, entonces sí, pero ¿quién no?). Voy a hablaros de lo que transmite, de lo que me pareció o, al menos, eso pretendo, sin ningún spolier, promesa.


En cuanto vi el tráiler, supe que quería verla, fue un flechazo. El vídeo muestra una película amable y optimista, muy al estilo de Intocable (película preciosa también) y ese estilo me encanta. Sin embargo, al entrar al cine me empezaron a corroer las dudas, ¿y si todo era un truco?, ¿y si al final no se parecía en nada a lo que me habían enseñado?
Me equivoqué: no era un truco, y se parecía a lo que había visto hasta entonces. De hecho, fue mucho mejor.
Begin Again es… dulzura, optimismo, música y mucha, muchísima alegría. Al verla me sentí bien, genial, la sonrisa no se marchaba de mi rostro (sonrisa, que no carcajada, aunque de esas también hay unas cuantas) gracias a sus personajes y la historia. Esta última está formada por un montón de situaciones repletas de cariño y… sí, de vida, destinadas a provocar la alegría en los personajes (esa que sentimos al vivir inolvidables experiencias y sabernos arropados por nuestros seres queridos) y trasladarla al público que, sentado en sus butacas, ve la cinta.
Una de las mejores escenas de la película
Creo que nunca he presenciado una película tan auténtica. Tiene un sabor especial, podría pasar perfectamente por una película independiente, me parece única y fresca. En mi opinión, es diferente a todas las demás, muy… muy suya, desafiante a lo todo lo típico, igual que las canciones que se interpretan en ella.
Oh, las canciones, definitivamente me enamoré de las canciones. No son la última moda, para nada: no esperéis dance, ni rock, ni nada por el estilo. Esperad melodías diferentes, no demasiado rápidas en su mayoría, de esas que ahora sólo producen un par de artistas; esperad sentimiento, mucho sentimiento, y combinaciones de instrumentos preciosas; esperad canciones amables, que te tienden la mano para que cierres los ojos y simplemente te dejes llevar (yo lo hice, de verdad); esperad, simplemente, algo bonito y, sobretodo, diferente.
¿Ahora entendéis por qué tenía que hablaros de ella? Salí encantada del cine, completamente encandilada, con esas lágrimas fruto de la alegría y la emoción pendientes en los ojos (no podían haber escrito un final mejor y más adecuado) y deseando llegar a casa y hacerme con la banda sonora (sí, la conseguimos).
Begin Again es una preciosa historia de cariño, música, felicidad y ganas de vivir, que se transmiten a todo aquel que se encuentre viéndola. La recomiendo de veras, de verdad, me maravilló. Solo con deciros que esta es la única vez que he querido hablar de una película en mi blog…
Un fuerte abrazo para todos vosotros, que pasáis por aquí a leerme.






martes, 5 de agosto de 2014

Amanecer.

Me encantan los amaneceres, aunque los vea poco. Son mágicos y hermosos, es increíble lo que siento al presenciar uno. De repente, la tranquilidad y la ilusión surgen en mí, la misma ilusión que sientes ante un gran plan o una idea prometedora.
Así es el amanecer, prometedor, es una promesa de que un nuevo día, con todas sus horas y posibilidades, está comenzando y de que tú lo puedes aprovechar. Adelante, ya puedes abrir los ojos, puedes ponerte en marcha, las cosas están empezando a despertar y a partir de ahora puedes volver a intentar lo que al final no hiciste ayer (o no, como gustes). Es un nuevo ciclo, una nueva ronda, una nueva oportunidad.
Es tranquilo y relajante, como cuando te despiertas antes de que suene el despertador y ves que aún te quedan horas para dormir. Esa incomparable sensación, a mí me la da el amanecer. Ya es de día pero, si no tienes cosas que hacer, puedes seguir descansando un rato antes de despertar.
El amanecer es luz que se impone a la oscuridad, es la claridad que va abriéndose camino en el oscuro manto que nos guarda por las noches. Personalmente, ese es mi momento favorito, cuando el azul del cielo comienza a aclararse y los únicos signos del sol son unas manchas rosadas y anaranjadas en el firmamento. No es de noche, pero tampoco de día, eso lo convierte en un momento único.
Quizá solo me lo parezca a mí, pero los amaneceres, además, son fríos, pero no como un día de invierno. El suyo no es un frío incómodo, su frescor es ese del que te puedes proteger con una mantita mientras te
acurrucas en cualquier rincón, es un frío agradable que huele a hogar y sonrisas. El amanecer es acogedor.
Cuando lo veo me siento segura, a salvo y en paz, sobretodo en paz. No sé por qué: quizá por su aspecto, por sus promesas o por la tranquilidad que transmite… al ver uno, todo está en calma, todo me parece posible y el mundo se abre hacia mí como un libro que pueda comenzar a leer.
Por último, lo más obvio, el amanecer es un espectáculo hermoso. Su luz; los colores fríos y cálidos mezclándose y amoldándose entre ellos; el mundo que comienza a iluminarse a sus pies, aún dormido y calmado… el amanecer posee una belleza que nada más tiene, única y singular.
No lo he visto mucho, es cierto, pero cada vez que lo he hecho he quedado maravillada. Varias, puede que todas, de esas experiencias han quedado grabadas en mi memoria, con sus imágenes y sensaciones vivas en ella, imposibles de olvidar.


miércoles, 18 de junio de 2014

Gracias, tricampeones.

Bueno, pues ha perdido España. Se terminó, fin.
La selección que tantas alegrías nos ha dado, que tanto nos ha hecho sonreír y vibrar, ha caído donde nadie pensaba que iba a caer. Nadie se imaginaba esto, no tan pronto, y eso entristece a todos los españoles que gustan de ver y vivir estas cosas.
Se ha terminado un ciclo, y se ha terminado de forma brutal. “¿Por qué?”, “¿qué está pasando?”, “¿a qué están jugando?” son preguntas que han rondado en las cabezas de todos los espectadores en estos dos partidos que han bastado para mandarnos a casa. No hay manera de responderlas, hay cientos de teorías y sólo esos chicos que están sufriendo ahora en Brasil saben cuál es la correcta (si acaso).
Es deprimente, lo sé. Primero los jugadores y el equipo técnico; y después los aficionados que hemos sufrido, sonreído y vivido con la Selección estamos hundidos, tristes o como queráis llamarlo (yo personalmente estoy bastante desilusionada).
Como estamos así, ahora sólo vemos lo malo y las mil y una causas de la derrota resuenan en nuestros oídos. Mucha gente puede estar hasta enfadada, es comprensible, pero no hay que olvidarse de algo.
Estos jugadores que ahora criticamos, que no sabíamos a qué jugaban, nos han dado tres victorias consecutivas en Eurocopas y Mundiales. Nadie había hecho eso jamás, en toda la historia del fútbol, pero llegaron ellos y lo lograron.
Estos jugadores que ahora comparten con nosotros la cabeza gacha han bordado una estrella en nuestra camiseta. Una preciosa estrella dorada que significa que hemos ganado un Mundial, que hemos sido campeones del mundo.
Estos jugadores son los que nos han dado cientos de alegrías. Son los que nos han hecho vibrar, reír, abrazarnos y soñar. Son los que nos han hecho sentir esa ilusión tan especial, los que nos han hecho gritar por las calles y pitar las gugucelas en cualquier esquina. Los goles que han marcado han reverberado a la vez en toda España. Por ellos hemos llorado de alegría y nos hemos asado entre el sol y la multitud. Pocas veces hemos estado tan de acuerdo en algo como en los campeonatos que nos han regalado.
No debemos vivir en este fracaso, sino recordar esos magníficos triunfos. Tras hundirnos, debemos sonreír. No hay que criticar a estos míticos jugadores, hay que darles las gracias.
Gracias por todo lo que nos han dado. Gracias por estos seis magníficos años.
Gracias, tricampeones.






viernes, 28 de febrero de 2014

Whatsapp, querido amigo.

Se ha caído el Whatsapp.
¿Asustados? Lo sé, lo siento.
El otro día, 22 de Febrero, estaba tranquilamente en mi habitación cuando se me ocurrió mirar el Whatsapp,
otra vez. ¿Y sabéis qué? ¡Mis mensajes no se enviaban!
Debo reconocer que los siguientes tres minutos me los pasé pendiente del móvil: conecté la WiFi, la desconecté, apagué el móvil, lo encendí, lo volví a apagar… Hice todo lo que se me ocurrió para que apareciera un tic en mis mensajes, un solo tic y sería feliz.
Triste, ¿verdad?
Pero ahí no acaba la cosa. Me fui a caminar y, cuando volví, quise mandarle un mensaje a mi tesoro un mensaje, pero ¡uhi!, ¡no iba el Whatsapp! Se me ocurrió hablar con una amiga, pero… Un poco más tarde, pensé en volver a contactar con él para mandarle una foto, qué pena que…
No sabía si era la única con la “desgracia”, y con una leve esperanza de que se hubiera caído el sistema me metí en Twitter, donde habitan las últimas novedades. Allí me esperaban decenas de tweets quejándose de que se había caído Whatsapp, de que Telegram no funcionaba, de Facebook, de las compras, de que no podían mandarse mensajes, de Internet y de mil cosas más.
Por fortuna para mucha, muchísima gente, a las once y media de la noche todo volvió a la normalidad y los whatssaps volvieron a llover celebrando la vuelta de la comunicación.
Ese día ya pasó hace tiempo pero, sin duda, sirvió para reflexionar.
Por un lado el no poder mandar fotos, mensajes o comunicarme con quién quería cuándo quería me hizo darme cuenta de la herramienta tan útil que manejamos a diario. Whatsapp nos mantiene unidos, en constante contacto unos con otros.
Si yo te quiero hablar, te mando un mensaje y en algún momento (más bien pronto, dado el vicio que tenemos todo con la aplicación) tú me responderás y sin darnos cuenta estaremos enganchados golpeando la pantalla del móvil para mantener una conversación.
Además, no hace falta encerrarse en una habitación y “perder” horas sin poder hacer nada porque, claro, si cuelgas cierras la conversación y a saber cuándo podrás volver a hablar… Con la mensajería instantánea no existe el tiempo ni el lugar. Puedes conectarte en cualquier momento y en cualquier lugar: el trabajo, una clase, el cine… ¡todo vale!, los límites los pones tú.
Y sólo he hablado de palabras. ¿Qué pasa con todo lo que se puede compartir?
Puedes enseñar a cualquiera lo que quieras: un paisaje, un momento, una canción… tu voz, las bromas de tus amigos o una foto de tu pie si te parece pueden estar circulando por la red simplemente pulsando “compartir” y eligiendo con quién. Así de sencillo. ¿No es genial?
Sí, lo es. Por eso lo queremos tanto y por eso es tan peligroso.
Puedes contar siempre que quieras con él y, lo que es mejor, sabes que estará dando lo mejor de sí. Nuestro querido amigo nos tiene malacostumbrados, muy malacostumbrados.
Tan mimados nos tiene, que en cuanto nos falla nos desesperamos y esperamos histéricos a que vuelva a funcionar. ¡Y ni siquiera hace falta que lo que falle sea él! Te puedes haber quedado sin batería, haberte olvidado el móvil o necesitar el PUK porque de repente el maldito PIN se ha esfumado de tu mente. El caso es que no podemos usarlo, y eso nos aterra. ¿Qué estará pasando? ¿Y si me ha hablado alguien y yo estoy aquí sin contestarle? ¿Y todas las noticias que me estoy perdiendo? Nos sentimos desconectados y aislados del mundo y eso no nos gusta, nada.
Esa desesperación por estar conectados con el mundo también nos afecta cuando tenemos el Whatsapp a mano, y se nota. Se nota, más que nada, porque no podemos separarnos de él. Mires donde mires ves a gente con sus móviles, mirándolos sin parar. Quietos o caminando, en la calle o bajo techo, solos o acompañados (lo que es peor). Si no comprobamos si hay mensajes o actualizamos el Twitter nos sentimos como náufragos que sólo se tienen a ellos mismos, aunque en esos momentos estemos rodeados de gente y la mitad nos esté abrazando.
Asumámoslo, más de la mitad de la sociedad somos dependientes del Whatsapp, el Twitter, el Facebook o el móvil en general. No nos gusta la idea, a nadie le gusta estar atado a un triste aparato sin vida, pero es una realidad.
Si no nos gusta, lo podemos cambiar, o al menos moderarlo.
Es difícil, pero hay gente que vive así.

¿No?