lunes, 8 de julio de 2013

Amiga imaginaria.

Contempló un nuevo amanecer desde la ventana de su vieja habitación. La que había sido su habitación, en realidad, porque desde que chocó con aquel coche y su cuerpo cerró los ojos para siempre hace quince años ese cuarto había sido de muchos niños... aunque eso a Alicia no le importaba, le gustaba compartir.
Le gustaba mucho que viniesen nuevas familias a casa, de repente un día una nueva familia llegaba y se quedaba a vivir. El hogar se llenaba de vida y ya no estaba tan silencioso y oscuro... le asusta mucho la oscuridad.
Pero lo mejor de todo, más que la vitalidad que adquiría la casa, la novedad de una nueva familia y lo entretenido que resultaba observarla y conocerla (los días en los que la casa estaba vacía se le antojaban eternos sin hacer nada) era conocer a nuevos niños: cada familia traía nuevos niños, nuevos amigos con los que jugar y nuevas cosas que hacer y aprender... a Alicia le encantaba conocerlos, pero a veces ellos no se alegraban de verla.
Ya le había pasado muchas veces, nada más verla los chicos se asustaban, se ponían blancos y corrían llorando a buscar a sus padres sin dar tiempo a la niña a presentarse. Más tarde, volvían acompañados de los adultos y, aunque ellos no podían ni verla ni oírla, se asustaban igual que sus hijos, salían de allí y al día siguiente ya se habían marchado a otro lugar.
También había otros niños, mucho más simpáticos que los anteriores, que cuando la veían por primera vez, a pesar de asustarse un poquito, la dejaban presentarse y no salían corriendo a buscar a sus padres. En lugar de eso se quedaban hablando con ella y así pasaban los días siguientes: jugaban; se hacían amigos y se contaban historias, cada amigo tenía historias y cuentos diferentes que enseñarla y a todos les interesaban mucho las historias que Alicia les contaba.
Todo iba bien hasta que un día los padres descubrían a sus nuevos amigos hablando con ella y, como nunca podían verla, se creían que sus hijos hablaban solos y se pasaban semanas castigándolos, llevándoles a señores raros que les hacían preguntas extrañas sobre sus amigos y sus padres y trayendo a casa a otros señores aún más curiosos que entraban en su cuarto y comenzaban a llamarla con los ojos en blanco aunque al igual que los padres eran incapaces de notar su presencia, una vez vino uno vestido de negro que se pasó dos horas diciendo palabras raras y echando agua por todo el suelo, pero Alicia nunca llegó a saber de qué le sirvió regar su habitación.
El caso era que, después de todas estas cosas que a ella le hacían tanta gracia (especialmente los señores que empezaban a llamarla como tontos), una noche sus amigos venían con lágrimas en los ojos y le decían que se iban a marchar a otra casa. Efectivamente, a los dos días la pobre niña se había quedado sin nadie con quien jugar.
Aunque nunca lo ha entendido, así ha sido una y otra vez desde que chocó contra el coche y sus padres vendieron la casa tras un año de llantos y tristeza sin poder verla ni sentirla, a pesar de que Alicia nunca se cansó de contactar de nuevo con ellos, de hacerles ver que seguía allí sentándose con ellos cada mañana a desayunar y acostándose a su lado cuando tenía miedo o les veía tristes.
Se abrió la puerta de la casa y escuchó cómo una nueva familia volvía a entrar, se le iluminó la cara esperando nerviosa escuchar las voces de nuevos niños que no se hicieron esperar: una, dos... y tres, ¡tres voces diferentes! ¡tres nuevos amigos! pero a lo mejor estos eran de los antipáticos...
No se atrevió a salir de su habitación, nunca lo hacía, le daba mucha vergüenza salir a buscar a los nuevos inquilinos, mejor esperar a que vinieran ellos. De todos modos nadie, ya fuera simpático o borde, tardaba en venir y Alicia pronto escuchó cómo los tres niños subían las escaleras y se paraban frente a la puerta. Más nerviosa aún si cabe, se sentó en el borde de la cama y, sin darse cuenta, empezó a balancear los pies mientras aguardaba a que abrieran la puerta.
Los tres niños: una chica un poco mayor que ella, una niña de su edad y un pqueño que no pasaba de los tres años se quedaron helados por un momento en el umbral de la puerta. Sin embargo, cuando la mayor iba a echar a correr como hacían los antipáticos su hermana la cogió de la mano y con una tímida sonrisa dio un paso al frente:
- Hola...
- Hola... me llamo Alicia.

7 comentarios:

  1. Como todo lo que escribes son micro-relatos y se leen tan rápido, he decidido comenzar desde el primero de tu blog para mantener un orden y leerlos y comentarlos todos. No sí si se te ha ocurrido de intentar publicar un libro con todos o los mejores de tus micro-relatos. Sólo deberías pesarles un borrador antes de enviarlos a alguna editorial editorial... O publicarlos en amazon.
    En cuanto al texto, una historia que habla de la soledad de una niña que en el pasado sufrió un accidente y ahora debido a su aspecto es repudiada. Ella solo anhela que la vean y traten como cualquier otra. niña normal.

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    1. ¡Me alegra mucho que te guste tanto el blog como para querer leerlo entero! :)
      Pues no lo había pensado, pero si no te importa, me gustaría que me informases más sobre el tema.
      Me encanta esta historia, es mi pequeña Alicia :) Se supone que es repudiada por ser un fantasma, no sé si es a eso a lo que te referías xD
      Un saludo.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Todos los relatos que se publican lo hacen en revistas especializadas, o en antologías. Ambas, casi imposibles. Nunca he visto un libro de relatos, publicado, pero es un posibilidad. Infórmate sobre alguna editorial que publique a autores noveles españoles, y pregúntales por correo electrónico si estarían interesados en publicar un libro de micro-relatos. Si no te dan una negativa, que es lo más normal, envíaselos, y quizás haya suerte. Lo más fácil es publicarlos en amazón. Aunque por el momento con mis libros yo no sea partidario de eso. Aquí te dejo un enlace que explica que tienes qué hacer para publicar con amazon: http://elclubdelasescritorasdelaplumaazul.blogspot.com.es/2013/06/mi-experiencia-con-la-auto-publicacion_22.html

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  4. En cuanto al relato, lo leí muy rápido y casi de pasada, perdona... y aunque se me pasó por la cabeza que era un fantasma, en realidad, el comentario lo hice creyendo que estaba viva pero con la cara desfigurada por el accidente.

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  5. ¡Muchas gracias por la información! :)

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