sábado, 5 de septiembre de 2015

Con tan sólo un botón.

La gente alrededor, generalmente, vive feliz con su vida. La mayoría no tienen grandes responsabilidades: llevar pronto a la gente que se sube en su taxi, abastecerse del suficiente alimento para sus clientes, hacer bien las cuentas de la empresa… no son presiones demasiado grandes comparada con la mía, con la que existe en mi profesión.
Pulsando un solo botón, yo puedo destruir toda la ciudad.
Es un botón grande, rojo, situado en la sala principal del Centro de Control de Población. Está bien protegido, encerrado en una fuerte vitrina que sólo puede ser abierta mediante la identificación de la huella dactilar del interesado; nadie quiere que sea pulsado por accidente, es demasiado peligroso.
Pero está allí, a pesar de todo, y todavía no entiendo muy bien por qué. Se supone que es para emergencias: una horrible epidemia, una guerra civil, el hecho de que la ciudad se convierta en un peligro para el resto del mundo… Se supone que, ante esas circunstancias, es justificable hacer cenizas la ciudad, pero yo no puedo compartirlo aunque lo intente.
¿Quiénes nos creemos para decidir así sobre la vida de cientos de inocentes?, somos personas como ellos, sus vecinos, sus amigos. Yo no soy más importante que aquel que observa las fluctuaciones de circulación al otro extremo de la sala, y los dos juntos sólo somos dos muchachos sin nada a destacar… Sin embargo, los dos podemos destruir nuestro pueblo si queremos.
Con un botón, un solo botón. Enorme, rojo, en medio de la sala… al alcance de cualquiera.
A veces tengo pesadillas, a veces pienso en eso y no puedo dormir. En mi ciudad estallando, volando por los aires y destruyéndolo todo por un simple toque. En mis pesadillas soy yo quien lo diseña, quien lo construye y lo instala, y el botón palpita y se ilumina llamándome, tentándome cada vez más… hasta que me acerco a él con el dedo extendido frente a mi rostro, que lo contempla todo horrorizado, sin poder hacer nada.
Es terrible vivir así, sabiendo lo que esconde el Centro. Nadie lo sabe: el taxista, la cajera, el contable… ellos no saben lo que pasa, la existencia de esa arma sin razón de ser que guardamos a la vista de todos aquí. Si lo supieran…, si al menos lo sospecharan, no puedo imaginarme que ocurriría.

Porque en esta habitación, donde debemos proteger y controlar su vida, tenemos la posibilidad de hacer todo lo contrario. Podemos ponerlos en peligro, podemos hacerles daño, podemos destruirlo todo… con tan sólo un botón.

6 comentarios:

  1. Hola :)
    Me ha gustado mucho el fragmento. Y a ese pensamiento de "si pulso el botón mataré inocentes" quiero añadir que entre esos inocentes habrá mucha gente que no lo sea y se aprovechan de eso.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, gracias ^^
      Sí, bueno, pero personalmente prefiero dejar a los que no son inocentes vivir para capturarlos independientemente. Salvar inocentes sería la prioridad para mi.
      Saludos ^^

      Eliminar
  2. Nos creemos un dios decidiendo ante la vida la gente. Genial el texto.
    Un saludo mujercita ^^

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto, a veces sí. Muchas gracias cariño ^^
      Un saludo :3

      Eliminar
  3. La verdad es que da miedo porque podría ser cierto y ocurrir en cualquier momento. Nadie, absolutamente nadie, debería tener ese poder.
    Un beso :)

    ResponderEliminar