martes, 13 de mayo de 2014

La forastera

Ya ha caído la noche en la pequeña aldea, pero la tormenta no se ha ido a descansar. La lluvia lleva cayendo todo el día y no parará hasta el amanecer, las nubes no dejan ver la luna llena que destaca una vez al mes.
Una forastera, que debe ser muy valiente, recorre despacio las calles de piedra mientras la lluvia empapa su capa, que por suerte cubre su cabeza. Nadie sabe quién es, nunca ha aparecido por allí.

Un grupo de niños y sus madres se cruzan en su camino. Las madres están enfadadas y regañan a sus hijos: si permanece más tiempo bajo el agua, enfermarán. Uno de los pequeños no hace caso a su madre, se ha quedado fascinado contemplando el lento avance de la joven. Justo en el momento en que la mujer le dirige una mirada molesta por distraer a su hijo, ella se la devuelve. Aquella mujer nunca pudo explicar lo que sintió al contemplar los ojos oscuros de la chica, qué era esa magia, ese misterio en su mirada, que la hizo enmudecer.

1 comentario:

  1. Toda la esencia del relato se encuentra en el último párrafo.

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